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domingo, 10 de junio de 2012

Crónicas marcianas, los alrededores de San Pedro de Atacama, Chile

Ante sitios como éste, a uno no le queda más que relajarse y gozar, desconectar todo lo que genere interferencias y ruidos internos y dejarse llevar tan sólo por lo sensitivo, olvidándose del calor a veces extremo, la sed, si uno no fue previsor, la altura, considerable, el frío nocturno, de cuidado, ahora, si uno no quiere incorporar esas incomodidades a su listado de percepciones, a un lado entonces, para disfrutar de uno de los lugares más bellos de la Chile, de la Patria Grande Sudamericana, o sea del mundo entero.
A pesar que San Pedro ha crecido considerablemente, perdiendo un poco ese encanto que tenía hace 20 años, cuando era un puñado de casas de adobe, un par de barcitos babelianos, una iglesia para sentarse y admirar, y el museo Le Paige, que hoy sigue siendo atractivo a pesar de no contar más con las momias desde el 2007, acogiéndose al pedido del pueblo Lickanantay, bueno a pesar del crecimiento, sus alrededores son un imperdible para la humanidad toda. El Valle de la Luna, la Cordillera de la Sal, el Valle de la Muerte, el Salar de Atacama, todos mostrados en las tomas, más los Géiseres del Tatio, el Pukará de Quitor, las Ruinas de Tulor, pueblos congelados en el tiempo, oásis increíbles en el medio de la zona más seca del planeta, lagunas altiplánicas y la posibilidad de continuar viaje hacia la vecina Bolivia haciendo el circuito de las lagunas de colores y el Salar de Uyuni, o entrar a Argentina para disfrutar de las punas salteña y jujeña, todo en medio de sitios de una morfología inigualable, pueblos ancestrales, arquitectura colonial y una paleta de colores que no existe en otro rincón de la Tierra.

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